¿Quién es Tiquiyo Demier?

Agosto 9, año 2018, luego del hipotético Cristo

Buenas tardesnoches amigos y amigas, hemos convenido este momento para dialogar sobre un tema que desde hace añales nos viene consternando, y ha llegado la hora de ponerle punto final a tan controversial situación. Luego de mucho meditar, algo de chismear, y mucho volar sierra en la constru de aquel cabrón, porque no le hago a la soldadura, he llegado al fondo del asunto y ahoritica les comento, lo que parece ser, la única identidad verificable del güevínchilis que cruza el trechillo del bajo la puñalada en dirección al tramo, todos los santos domingos para traer bollo de pan y no tortillas: ya van a ver, así está la madre… y su tata.

Tiquiyo Demier es el ser más avispado del rejuntado patrio: todos lo conocemos, lo hemos visto todos los días a la cara, lo hemos visto a través de una ventana en pleno sol desde afuera y en la calle; cambiamos acera cuando lo avistamos a la distancia aunque la vía esté desierta, y decimos no conocerlo cuando nos lo presentan. “¿Cómo? No, yo a ese nunca lo he visto en mi vida” -responderían algunos, y otros, solo lo ignorarían. Talvez esto último es lo mejor, porque de coincidir desafortunadamente con su maltrecha apariencia, un montononón de desagües de aguas negras, pluviales y jabonosas, saldrían de su cavidad oral, o de su codo; no lo odien, no es su culpa que la boca se le haga agua.

Tiquiyo Demier es vecino de la qüita de Ojoecaca, aquella extensión de la finca montañosa entre Nosvidrios y Jaleas, que se cree blanco, algo tostadón, no rojo de cachetes, sino más tirando a sucio marrón, chaparro de talla chancho, chivo chiva a la lampiño, quien al indio-descendiente llama “cholo” y al afro-caribeño “negrito”, y a cualquiera que no sea éstos “morenito” o “chinito”. Se la juega de vez en cuando, pero no es que eso sea malo, porque como veremos más adelante, su debilidad puede volverse una fortaleza, algo así como una paradoja del poder escondido del Tiquiyo; ¡juémialma, casi podríamos hacer de su historia una leyenda! Pero no desenfunden las armas todavía, que nuestro bastardo héroe tiene alguna que otra peca, que con el tiempo se puede volver lunar o asolear, y luego un tumor que envuelva su retorcida mirada para el ciprés, y lo haga disparar la dos tiros desviado sin pensar en los huevos del gallo, en este duelo de pordioseros sin misericordia; la leyenda tendrá que esperar a otro día, al menos por ahora.

Arranca envenenadamente kilómetros al asfalto, con los pobres güilas encima y todo, para ir a visitar en medio de un torrencial relampagueante infierno a la”Negrita”, de la que se olvida apenas emprende su camino casi un año después, las dos veces descalzo, hacia la playita, para encontrarse con otra negra, pero en esta ocasión, de las bonitas. No ha ni esperado a pasar la frontera de la provincia balsera este Tiquiyo, que empieza a tirar cuanta educación se le ocurra en un mar de “¡qué me importa a mí! Así es, su laguna mental es tan vasta y artificial como la del Arenal. No nos desesperemos, aún le queda mucho por recorrer, porque quien quita un quite ya que cada cosa con su cosa.

A nuestro fiel Tiquiyo le encanta aparentar que su trisbisabuela era española, alemana, italiana o francesa, o más recientemente gringa o libanesa (¿o era Karla Vanessa?), habiendo perdido en el garete de aquel épico cuento su apellido y su ciudad; sin embargo, esto no le resta méritos, pues como aprenderemos más adelante, logra topar con suerte, el sol con un dedo y saltarse el charco de su engendro para ir a dotarse de los más ilustrados paisajes de su improbable historia familiar, en aquella otra Suiza pero la de verdad, no la de paquete.

No os preocupéis, de no acabar deportado termina bateado, intentando atragantarse como el pato gordo del foie gras con cuanta cultura pueda, aunque signifique pegar tour por treinta ciudades, ocho países y un par de requisas en una semana. Mascando chicle mientras come pescado, saltándose las filas de inútiles civiles y trenes a tiempo, puro menudo en mano y el complejo de un gorila, no se pierde, no se mezcla, ni aunque se pinte en la pared de una de esas famosas catedrales, pues preguntando se llega a Roma y ¡cómo pregunta este mierma! El mapa nunca lo vio pensando en que convirtiendo de metros a cuadras o cuadras a yardas ya bastaría para aplicar por la visa.

Tiquiyo alias “El Igualado” como se le conoce en los círculos underground, está bien abastecido de un arsenal de poladas enmaletadas con sumo cuidado, su ímpetu es difícil de contrarrestar y su energía parece nunca acabar, es la peor pesadilla de la dama cortés en el jardín floreado del museo: no hay derroche de elegancia o sofisticación a la que pueda oponerse, pues la moda del pulseador va de acuerdo a las estaciones del calendario tributario de dos modos, formal e informal. El vendaval de su aventura apenas empieza cuando se saca de la manga su temida “malicia indígena”, porque parece conjurar orgullosamente una olla de antiguos espíritus valeverguistas que lo ungen con una sabiduría eterna digna de batallas conquistadoras; ante los ojos de su enemigo de pureza inmestizable, Tiquiyo no puede perder, si se la cree, parece invencible. No es un lujo que se pueda permitir cualquiera, con insistencia y soledad ver a la derrota de frente y decir “no caeré”.

La realidad es que tarde o temprano, sobre todo tarde, tendrá que regresar, después de andarla volando por aquellos lares, y muy lamentable resulta que, Tiquiyo, siendo el más limpio y tímido de los medios hermanos Demier, deba aterrizar para sucitarles desagrado. Todos lo hemos visto al pobre luchando por sobrevivir, sacando pecho, hizo y deshizo, majadereó y pataleó, pero es solo a punta de esfuerzo que la cabeza sirve para el sombrero, que por la víspera se saca la noche, que aunque si se madruga Dios no ayuda. 

 

TD

 

 

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