Carlitos Picapiedra Alvarado

“Cuando te dan solo un martillo, todo parece un clavo… Arréele carajo!”

 

día 94 del Reino de nuestro señor Rey Sol Carlitos Picapiedra Alvarado, o mejor, 10 de Agosto del año 2018, luego del hipotético Cristo.

 

El Presidientes parece compartir muchos atestados con el famoso Tiquiyo Demier; cree que blandiendo el lapicerillo desde su silla de poder, puede conjurar plata de mentiras hasta decir “¡Paren!” cuando se cuenta a alta voz el número un millón para luego gritar “¡Pero de Dólares, güevones!” a sus incompetentes secuaces encargados de buscarle peras al olmo con toda esta cuestión de la inseguridad ciudadana.

Y el problema más grande es que los ataques ad hominem no se harán esperar, porque este Tiquiyo Demier ya lo llamó cabeza de Yunque, y no que sea algo bueno, porque no es yunque del oído, aquél que te deja escuchar y pensar, era sino, según entiendo luego de conversar con el señor Demier, una pieza rígida de hierro fundido, de forma no tan atractiva, con una punta por delante y un huevo por detrás, negra pero irónicamente de impresión brillante, hecha para golpear a mazo empedernido una obra de arte contra su solidez. De brillante no tiene nada, de solidez mucho El Presidientes de la finca entre Nosvidrios y Jaleas; con semblante de Picapiedra, no traicionará nunca a sus maestros, los Fósiles del Norte, allá por Washington, no el del Pacífico, el del D.C., también conocido como el “Distrito de Criminales”. Tiquiyo Demier diría que lejos de una obra de arte no está, ¡y cuántos martillazos se necesitan para darle forma a esa jupota! Entendámoslo al nieto de electricistas, talvez se pegó uno que otro jalonazo que le afectó su corteza, de que algo tiene pueden tener certeza.

La experiencia de El Presidientes con su propio autógrafo no es nueva, ya que cree saber escribir, al menos eso es lo que se dice todos los días a sí mismo (o puede que se lo diga su publicista), frente a su famoso “espejito, espejito, ¿quién es el más guapísimo de toda la finca?”, pareciera que ha agarrado alguno que otro volado del famoso Tiquiyo Demier: creérsela, comérsela y así ponerle fin a cualquier sospecha que traiga abajo su credibilidad. Nuestro penoso cavernícola no aprendió a sostener la tiza en las cuevas de Lascaux, sino en las del Asco, las que imparten cursos de demolición llamados “Cien-cias Políticas”, que de cien no tienen nada porque son más como veinte y de politícas un reguero.

Tiquiyo me explicaba que vivir con dinosaurios es difícil, entiéndase que hay que salir todos los días a ganarse el pan, entre fauces y gigantes, sindicatos y el espejo. Yo no creo que El Presidientes Picapiedra tenga mucho desaliento en ese tema, pues para cuando termine de inventarse a pura crayola un plan dentro de su cueva, sonará la campana de la escuela anunciando un chorro de confites para todos los niñitos, incluído su mejor amigo. Cuando de vivir entre depredadores  y la Prehistoria se trata, sí parece ser más poderosa la pluma que la espada.

Con amor,

Tiquiyo Demier

 

 

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